jueves, 24 de abril de 2008

Ingres nunca estuvo en Babel

Jean Auguste Dominique Ingres, nunca salió de París, Roma y Florencia, excepto para nacer en Montauban (1780), y estudiar en Toulouse. Pero su Odalisca sí estuvo en Bagdad, al menos como figura en la portada del libro El correo de Bagdad de José Miguel Varas. En esos años (1994) Carlos Orellana, que pertenecía (y sigue perteneciendo) a la especie (en extinción) de editores que revisaba minuciosamente los textos a publicar, lápiz rojo en mano, delegando la revisión ortográfica y gramatical a una serie de correctores de pruebas, cuya labor también repasaba, me encargó el diseño de la portada. El libro sería publicado en la colección Biblioteca del Sur, creada en Chile en 1987 (en la página web de la Cámara del Libro dedicada a la Editorial Planeta dice 1989, pero mis registros dicen otra cosa) por Ricardo Sabanes, hoy en Planeta Argentina, y dirigida por Mariano Aguirre. De cualquier modo, era un libro que debía ajustarse a una pauta de diseño que marcaba una identidad editorial (branding, como le dicen ahora): Se enviaba a componer todo lo que era texto (autor, título, editorial, textos del lomo, contratapa y solapas) escrito a maquina (de escribir, claro, de esas que ya no se usan), y con todos las instrucciones de composición tipográfica (fuente, tamaño en puntos, ancho de composición en picas, etc.) a un taller de fotocomposición que entregaba una tira de papel fotográfico con los textos. Estos eran recortados y pegados en su lugar en un original para imprenta. El problema a resolver era la figura de portada. A pesar de que Carlos me instaba periódicamente a que me pusiera al día con la tecnología, aun no tenía computador (tardé dos largos años en comprarme un Mac y otro largo año en aprender a utilizarlo), y trabajaba con los medios tradicionales. La solución conversada consistía en un collage compuesto con diversos elementos que formaban parte del argumento de la novela: la famosa Odalisca de Ingres, una cabeza de carnero medio descompuesta que jugaba un rol dramático en la trama, y una pared de ladrillos que, en rigor, deberían haber sido adobes mesopotámicos. La Odalisca la proporcionó José Miguel Varas en un magnífico libro de gran formato, tipo coffee-table book, reproducida al doble del tamaño necesario para ser, nuevamente, reproducida en la portada. Ideal. El Museo Imaginario de Malraux en acción. Como se trataba de recortar y pegar manualmente (tanto fotografiar la portada como contratar los servicios de escaneo y photoshopeado no estaban en mi presupuesto) recurrí a la fotocopia láser a color que tenía un aceptable nivel de calidad, que mejoraba notablemente al ser reducida en fotomecánica El resultado está a la vista.

Para delectación del público reproduzco una reproducción (sic, ya sé que suena mal, pero la operación es parte del mundo de la gráfica) de La Gran Odalisca, terminada en 1814, justo a tiempo, porque ese fue el año en que Napoleón abdicó, y había sido encargada a Ingres precisamente por la hermana de este, la princesa Caroline Murat de Nápoles. También puede ser vista en el Museo del Louvre, en París, claro. Su primera exposición en público fue en el Salón de 1819. La crítica académica la trató mal por sus “incorrecciones” anatómicas, distorsiones típicas de Ingres que recogieron Cézanne y Picasso. Tenía “demasiadas vértebras” dijo M. de Keratry, representando la opinión oficial, y no dejaba de tener razón. Abundan hoy en internet numerosos artículos médicos que analizan la Odalisca desde el punto de vista anatómico. No voy a citar; basta buscar “ingres odalisque” en Google y, tan solo en la primera página de la búsqueda hay por lo menos dos, aparte del artículo de la Wikipedia, que cita al menos uno en sus referencias. Ingres nunca se llevó bien con la Academia, que se encontraba anquilosada en la rigidez de un sistema normativo próximo al descalabro. A los interesados en el tema de la Academia Real de Pintura y Escultura, pueden ir al sitio del Musée d’Orsay que tiene abundante material sobre el tema, en pdf, ...y en ¡español!

1 comentario:

Patricio dijo...

La nostalgia me invade. Aunque solo alcancé a tener estas publicaciones en mis manos y no la experiencia de hacerlas, eran tiempos de cambios cuando ingrese a diseño.
Es increíble la cantidad de información que hay tras una portada, gracias por compartirla.
Se echa de menos una imagen más grande de la portada para apreciar mejor el trabajo.

Un abrazo.